Lincoln oficiaba de fiscal en un juicio contra un oficial del ejército. Inició su acusación con las siguientes palabras:
  —Señores del jurado: estamos aquí para juzgar a este soldado por haber golpeado a un anciano.
   El acusado se puso de pie violentamente, y reclamó:
  —¡No soy soldado, soy oficial!
  —Perdón —corrigió Lincoln—. Estamos aquí para juzgar a un oficial —que no es soldado— por haber golpeado a un anciano.